Krisma Mancía – Poeta – El Salvador

WP_20140811_015He buscado a Dios en las camas de los hospitales,

en la celda de los locos con flores en la boca,
en mi casa desabrigada,
sin pájaros,
que sólo me sirve para dormir,
en todos los estados del agua,
en los bares que bostezan amaneceres,
en las bolsas de plástico que el viento hace volar hacia los balcones
para besar las antiguas ventanas de un palacio de arena
que nunca tuvo una princesa.

Juro que he buscado a Dios y Dios no tiene dueño, ni vísceras, ni pañuelos.
No viaja en el autobús,
no hace fila en un dormitorio público,
no sabe caer, caer, caer con el cuello fugitivo
en el lodo, en el frío, en la oscuridad.

Me han hablado de un Dios hecho de misericordia,
sin embargo no creo en ese padre que golpea a su hijo
por descubrirle caramelos bajo su almohada;
el que mutila los brazos de las mujeres infieles; aquel
que nos habla de amor
mientras nos amenaza con castigarnos en el purgatorio;
el juez implacable
que nos prohíbe leer las letras minúsculas de su contrato de vida eterna.

Me han dicho que Dios se encuentra en todas partes.
Me hablan de él como si existiera,
pero no está en los bolsillos de mi corazón
que es la piedra en la que tropiezo latido por latido.
No tengo tiempo para llorar su pequeñez.
No tengo tiempo para esperarlo.
Mi vida es corta como un suspiro
y todos crecemos rectos o torcidos
a la sombra de los astros
y sé que el fuego no es sagrado, sólo quema cuando se le enoja,
que los cuchillos no hieren porque sólo fueron inventados para cortar el pan,
que en la boca tenemos el infierno y la epidermis del paraíso.
Un paraíso donde una hoja seca con su textura añeja, con su música de quejidos,
puede ser estrangulada por la mano de un niño
y morir en paz
convertida en polvo.

Krisma Mancia 1

(De fobiápolis, libro inédito)

Imagina que no existe el cielo.
John Lennon.

Imagina los placeres crueles que me harán más poderoso que un Dios.
Imagina mi insomnio en las noches de lluvia,
mi furia cayendo en la ciudad como ácido divino,
mi dulce tacto en la frente de un niño
incurable y dormido en una caja de manzanas.
Imagina el desconsuelo mudo de la mujer gorda del vecino,
su ropa interior sazonada en la pureza del sol. La mujer gorda
que perdió la voz de una bofetada al decirme: “Esta es mi boca.
Esta la cena fría. Estos tus hijos muertos bajo la almohada”.
Imagina que estoy hecho a la medida de los cielos,
dueño de las mujeres más bellas,
padre de los soldados que recitan mi nombre al revés antes de matar,
antes de hacer esparcir en el brazo de un río su sangre envenenada,
su sabor a carne podrida abrazando los prados
donde se nutre el rebaño.
Imagina que algo explota en el pecho de un prostíbulo
cuando la habitación de una mujerzuela se enamora de mi imagen.
Imagina
que a mi paso se apartan las piedras, los arboles, los astros, las flechas, las ciudades
y que se queman los barcos, se ahogan los bosques, se marchitan las nubes,
se muere la muerte.
No todos los días ocurre que un mortal desprecia la gravedad del amor,
la enfermedad de este pequeño Dios reducido a una maldición.
No todos los días la tierra obedece a mis deseos
y deje de girar.
No todos los días mi voz en tu garganta
te hace llorar.

(De Fobiápolis, libro inédito)

te confieso que odio olvidar y algún día me odiarás tanto que te tendré que olvidarte y eso, amor, duele

esperaré mañana tu llamada, porque si te llamo es posible que me dé cuenta de que no me necesitas y eso, amor, es irse al diablo

sospecho que no hay bala más triste que recibir una misiva del gobierno de quinientas páginas donde se me explica porque no debo amarte y eso, amor, es morirse de inmediato

no quiero negociar la retirada, me gusta estar en guerra esperando que alguno de los dos muera y eso, amor, es semejante a la locura

puedo soportar quedarme sin nada y sin nadie, aprendí a perder, aprendí a quedarme como una flor sin pétalos o como un niño huérfano sin perro y eso, amor, es decir demasiado

nuestros recuerdos están llenos de sorpresas como meterse la mano entera en la boca, llegar al corazón, tirar con fuerza y abortar al hijo que no quisimos y eso, amor, es un capricho monstruoso y la promesa más tierna que le hemos creado al mundo

(Texto suelto, inédito.)

Krisma mancia 2El Salvador. Nacida en la ciudad de San Salvador, 1980
Estudió Letras en la Universidad de El Salvador, y teatro en la Escuela Arte del Actor. En el 2002 formó parte de la primera generación del taller de talentos literarios de La Casa del Escritor en El Salvador dirigido por el escritor Rafael Menjívar Ochoa. En 2004 publicó su primer libro, La era del llanto (Dirección de Publicaciones e Impresos, Colección Nueva Palabra, San Salvador), y en noviembre de 2005 ganó el primer premio internacional de poesía joven de la editorial La Garúa, de Barcelona, con su libro Viaje al Imperio de las Ventanas Cerradas (La Garúa, Barcelona, 2006). Aparece en las antologías Trilces trópicos (Ed. La Garúa, Barcelona, 2006), Cruce de poesía Nicaragua-El Salvador (Managua, 2006), 45 poetas. Antología (Revista Cultura 94, disco de audio, DPI, San Salvador, 2007), Una madrugada en el siglo XXI (San Salvador, 2010), Memorias de la Casa (Ed. Índole, San Salvador, 2011), Las otras voces, Antología de poesía joven salvadoreña (Dirección de Publicaciones e Impresos, Colección poesía, 2011), Apresurada cicatriz, instantáneas de poesía centroamericana (Editorial Proyecto Literal, México, 2013), Teatro bajo mi piel, poesía salvadoreña contemporánea (Editorial Kalina, febrero 2014) y en el Segundo Índice Antológico de la Poesía Salvadoreña (Índole Editores y Editorial Kalina, 2014). Ha sido publicada en revistas de diversos países y participado en varios festivales, recitales y conferencias relacionados con la literatura y la poesía a nivel nacional e internacional. Fue la primera directora asignada a la Casa de la Cultura de la Mujer en la primera sede de Ciudad Mujer. Actualmente trabaja en la Secretaría de Cultura de la Presidencia de El Salvador donde colabora con la organización de los certámenes literarios de Juegos Florales Nacionales.

Blog De Krisma https://krismatica.wordpress.com

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