A un año de la gestión estatal de la cultura

daviddukeBNEl artista visual salvadoreño, David Duke, opina sobre el desempeño del Gobierno actual en el tema cultural, en base a su primer año de gestión.

«Yo no hago promesas, yo hago compromisos»
Salvador Sánchez Cerén,  Hotel Real Intercontinental, 15 de enero de 2014
Festival de apoyo del Movimiento Arte y Cultura, El Salvador Adelante.

Por David Duke (*)

San Salvador.- El primero de junio se cumplió un año de la gestión de Ramón Rivas al frente de la Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura). Todavía artistas, trabajadores de la cultura y población en general, seguimos esperando resultados concretos sobre la ejecución de los lineamientos contenidos en el eje 9 del Programa de Gobierno con el cual Cerén ganó las elecciones.

El eje 9 ―para quienes ya se les olvidó― contemplaba la creación del Ministerio de Cultura, un Fondo Nacional Concursable para la Cultura y las Artes, el Instituto Superior de las Artes, el Programa Nacional de Acreditación Docente para Artistas, seguridad social para los trabajadores de las artes e impulsar y desarrollar decididamente de la Ley de Arte y Cultura. Dicho eje tenía ya los lineamientos concretos para ser ejecutados en esta gestión… no había donde perderse, además era el  compromiso del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y del hoy presidente, con los artistas y trabajadores de la cultura.

Esos lineamientos, aparte de trazar la ruta de la gestión estatal de la cultura, también condensaban la creatividad de las apuestas más audaces que se generaron  desde la izquierda cultural en diálogo con el FMLN. Su ejecución  marcaría un antes y un después de la gestión estatal de la cultura a partir de la llegada de la izquierda al Ejecutivo. Ese objetivo fue postergado durante la pasada administración de Mauricio Funes y hoy, a un año de la nueva administración, el eje 9 ―como agenda muy precisa para la acción―  ha tenido tanta resistencia y postergación por parte del secretario Rivas, lo cual no deja de resultar inexplicable.

Cuando me refiero a marcar un antes y un después de la gestión estatal de la cultura, me estoy refiriendo a sentar nuevos precedentes desde la izquierda, a poner un sello distintivo que marque un cambio entre las administraciones anteriores y la del FMLN. Con esto tampoco quiero decir que se desprecie la acumulación de algunas experiencias positivas que dejaron las anteriores gestiones de la derecha. No, sentar un precedente desde la izquierda significa que la gente al frente del ente rector de la cultura tenga un compromiso verdadero con el eje 9 y que además sea gente creativa, no simples burócratas contratados para que administren lo que se inventó durante las gestiones anteriores el partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena).

El desafío es el siguiente: ¿cuáles son aquellas estrategias y acciones que se convertirán ―no en eventos― sino en hitos de la gestión de Rivas y que marcarán un antes y un después de la llegada de la izquierda al Gobierno? ¿Qué es lo que va a dejar el FMLN en infraestructura cultural para las futuras generaciones? Porque hasta ahora las instituciones que han demostrado tener más permanencia en el tiempo, han sido las fundadas por la derecha durante la dictadura militar, como el Centro Nacional de Artes (Cenar), la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), las Casas de la Cultura, etc. Hoy que es nuestro turno de marcar un precedente desde la izquierda, sin embargo, con la gestión del secretario actual no se ve nada claro.

Por ejemplo, en la DPI, Arena se podría jactar que la mayoría de colecciones, como la Ficciones, la colección Orígenes o la colección Biblioteca de Historia Salvadoreña y toda la obra completa de la poesía de Roque Dalton son el resultado de esa gestión, pero ¿y nosotros desde la izquierda? ¿Qué vamos a dejar como aporte, secretario Rivas?  ¿Roqueana de David Hernández, su actual asesor? ¿La revista Cultura? Pero, recuerde,  la revista Cultura  es una institución que también se fundó hace varias décadas y durante su administración lo único que ha sucedido es que se ha desprestigiado en el «mundillo» académico salvadoreño.

Por otro lado, resulta importante destacar que nunca un secretario de cultura había tenido tantos insumos de políticas y estrategias culturales acumuladas  a su disposición para darle rumbo y contenido a la nave estatal de la cultura. Solo para mencionar algunos: el anteproyecto de la Ley de Cultura y Artes, que elaboró la Secretaría de Cultura del FMLN en 2012; el documento de anteproyecto de ley que elaboró el colombiano Gonzalo Castellano y que fue rechazado por Magdalena Granadino; la Política Pública de Cultura de El Salvador 2014-2024; que elaboró la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Secultura; las políticas culturales del Estado salvadoreño 1900-2012 de Knut Walter; el Plan de Desarrollo Cultural del Programa de Gobierno «Nace la esperanza, viene el cambio». Mesa de Desarrollo Cultural del Diálogo Social Abierto, junio 2009, entre otros documentos que son más específicos.

Entonces de lo que se trataba y ahora se trata, es de convertir este aparato conceptual en acciones concretas, en gestión cultural, en praxis cultural. Ya no de elaborar más documentos, sino de ejecutar todo lo que ya existe y que fue consultado, desde 2008, con el gremio artístico y cultural del país, con la Mesa de Desarrollo Cultural, hasta la fecha.

A un año del nombramiento de Ramón Rivas, su gestión ha sido la más mediática, pero la menos efectiva para presentar resultados concretos, tal parecería que el secretario está más preocupado por salir en la cámara todos los días, que por trabajar de verdad por la transformación social desde la cultura.

Ante esto y otras cosas suscitadas ―como las renuncias inducidas por el despotismo de sus máximos directivos y los despidos injustificados de personal de alta calidad― yo le hago el llamado al presidente Salvador Sánchez Cerén para que corrija el rumbo de este barco que sigue sin darnos resultados, y que encuentre una dirección que verdaderamente se comprometa con su programa político de cultura. Alguien con voluntad política de generar los cambios que urgen y se necesitan. Considero que una opción pertinente sería regresar al proceso de diálogo permanente con los artistas y los trabajadores de la cultura. La ley y el eje 9 deben ser los pilares básicos de la gestión del FMLN.

(*) Artista visual salvadoreño

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