La violencia y los medios

violencia y mediosPor Herbert Vargas

El abordaje de la violencia merece una perspectiva mediática y también cultural. El territorio en disputa es el de las percepciones, de la audiencia, de las autoridades, de los actores políticos intervinientes y hasta de los mismos delincuentes. Algo que algunos científicos sociales han dado en llamar “la caja negra” de las percepciones. Hay muchas teorías de comunicación y cultura que explican cómo los mensajes, los discursos influyen -o no- en los fenómenos de la sociedad, pero no los determinan. Eso incluye al fenómeno de la violencia y cómo la sociedad la percibe.  Es decir, que en la construcción de discursos -o contra discursos, dependiendo de la perspectiva- intervienen las estructuras, instituciones sin la cual no es posible la introyección de esos discursos. Es en ese punto donde lo que se define como “medios de derecha” o conservadores poseen ventaja respecto a otros paradigmas mediáticos pues el estado actual de cosas les favorece para influir e intentar instalar percepciones. Que existan otro tipo de medios, no garantiza la construcción de un “contradiscurso” porque el complejo fenómeno de la violencia supera al plano mediático y trasciende a la estructura de la sociedad y sus instituciones. Por ahora otros paradigmas y nuevas perspectivas inciden en algunos planos de esas estructuras -algunos medios, algunas instituciones del Estado- pero ciertamente no es suficiente para contribuir a contener el complejo raigambre cultural de la violencia y sus circunstancias.

Serios cuestionamientos provenientes de diversos sectores hacia el rol de los medios informativos en el abordaje de la violencia han aparecido estos días. Entre otros aspectos hay un problema de fondo cuyo origen encontramos en las aulas donde se enseña cómo hacer noticias. La mistificación de los términos “verdad”, “objetividad”,”imparcialidad”. Ningún reportero/a o medio es poseedor de la “verdad”. La mistificación de estos términos conlleva al actual ejercicio del periodismo que tenemos en el país. En los medios vemos,leemos y escuchamos casi cualquier cosa, en algunos casos los productos de ciertos reportero/as o medios se basan en paradigmas transmitidos desde el aula de clase casi de manera “dogmática” lo que produce la confusión tanto de los emisores de información como en las audiencias cuando este contenido choca con la realidad. Así, el sistema logra la re-producción de conceptos en la sociedad, en algunos casos falsos e inaplicables. La “libertad”, la “justicia”, “la verdad” por ejemplo, se consideran asunciones axiomáticas, otras perspectivas no caben, entonces ahí estriba el desafío. Ningún ser humano es “neutro”. Será en todo caso, mediador de una perspectiva a través de un modelo de comunicación, un medio. Todo ser humano, todo reportero/a, todo medio, tiene el derecho -y la obligación- de tener postura ante las cosas y no ocultar la realidad de la violencia en el país, la posición editorial del medio no debería opacar la capacidad de narrar. Pero la necesidad del reportero/a de mantener el empleo supera en la mayoría de los casos a la rigurosidad periodística, y no en pocas ocasiones supera a la ética profesional.

Los abordajes irresponsables de la violencia podrían explicarse a razón de los intereses de las empresas de información: afanes políticos, comerciales, publicitarios, para generar audiencias consumidoras o la posibilidad de generar clientela electoral atizando el miedo, el desencanto y la desesperanza.  Es posible narrar los hechos violentos sin “espectacularizar” la violencia y en ello descansa la ausente responsabilidad de las empresas de información en el abordaje de la violencia en el país.

En enero de 2007 diversos medios se aglutinaron en lo que llamaron “Medios Unidos por la Paz” y difundieron profusamente los acuerdos tomados,entre ellos no “espectacularizar” la violencia, ni a los criminales, ni la respuesta de las autoridades. No hemos visto un espacio similar desde entonces, ni otros compromisos de este sector al respecto.

Si un simple ejercicio aritmético nos dice que en la suma de medios de informativos la gran mayoría presenta una línea editorial conservadora, favorable a intereses empresariales afines a la oposición política al actual gobierno, no es esperar entonces un cambio en el fondo de lo publicado. La cuestión no es la postura editorial a la que tienen derecho, sino la forma cómo cuentan las historias y registran la realidad.

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