LA SIMBOLOGIA DE LA REVOLUCION EN EL SALVADOR – CUSCATLAN

Obra de Gerardo Gómez "Buenos días El Salvador" - Mixta sobre lienzo. 100 x 70 cm. 2015

Obra de Gerardo Gómez “Buenos días El Salvador” – Mixta sobre lienzo.
100 x 70 cm.
2015

Por Luis Melgar Brizuela y Miguel Ángel Chinchilla.

Revolución cultural salvadoreña.

¿Hemos avanzado en los procesos de cambio cultural y social lo suficiente como para que podamos hablar de revolución salvadoreña o sólo hemos estado en tanteos y componendas para mientras se puede de verdad emprender esas revoluciones?

El asunto medular, a nuestro juicio, es que NO HABRÁ REVOLUCION CULTURAL  MIENTRAS NO SE CAMBIEN LOS SÍMBOLOS PATRIOS y, en general, los signos colectivamente asumidos como propios de la nacionalidad, es decir, de la identidad salvadoreña y mesoamericana. Se trata del problema de la identidad: si no desenterramos ese espejo no hay cultura propia, ni libertad, ni soberanía, ni democracia.

A favor de esa hipótesis tenemos las declaraciones dadas en abril  pasado,  antes de asumir su actual cargo, por el Doctor Ramón Rivas, Secretario de Cultura de la Presidencia de la República. Tales declaraciones fueron publicadas por el Dr. Rivas  en su columna de Diario Co-Latino.  Citando al antropólogo norteamericano Clifford Geertz, Rivas plantea la cultura como “ideas basadas en el aprendizaje cultural de símbolos” y como “conjuntos de mecanismos de control símbólico”. (Co-Latino, 25 de abril de 2014).

Según tales declaraciones ya deberíamos haber emprendido la transición hacia una nueva simbología. ¿Por qué no lo estamos haciendo, Dr. Rivas? Por ejemplo, ¿por qué los actos protocolarios de la Presidencia de la República se siguen acompañando con la música de  “La Granadera”, esa pieza no sólo militarista sino musicalmente  ajena  a los valores autóctonos de nuestra nación? Y si vamos más lejos, ¿por qué no se somete a revisión la actualidad socio-cultural y la validez histórico-semiótica del Himno Nacional, la Oración a la Bandera, el Escudo Nacional, los títulos de Padre de la Patria y  Próceres de la “Independencia” (¿?) para personajes de tan dudoso heroísmo como Manuel José Arce, Gerardo Barrios, los Hermanos Aguilar, David. J. Guzmán, entre varios otros?

Obra de Gerardo Gómez - Saludemos la patria orgullosos - Acrílico sobre lienzo. 140 x 115 cm 2009

Obra de Gerardo Gómez – Saludemos la patria orgullosos – Acrílico sobre lienzo.
140 x 115 cm
2009

¿Por qué no han iniciado SECULTURA, en particular, el Gobierno de Sánchez Cerén, en general, la revolución de la simbología salvadoreña? ¿Porque no pueden o porque no entienden cómo hacerlo? Y si no pueden porque la derecha y el sistema no se lo permiten, ¿no deberían al menos plantearlo y ponerlo a debate? Es en ese vacío o punto cero de la revolución cultural, donde queremos apoyar, crítica y solidariamente, al actual gobierno del FMLN.

Debemos reconocer que el Frente Farabundo Marti para la Liberacion  Nacional  ha dado algunos pasos iniciales, muy valiosos, muy pertinentes,  para la revolución cultural: el Proyecto de Ley de Cultura que sigue debatiendo la Asamblea Legislativa, la determinación de convertir SECULTURA en Ministerio de Cultura, la ratificación del reconocimiento constitucional de los pueblos originarios (según el artículo 63 de la Constitución Política), la determinación de lo cultural como el Eje 9 del Programa de Gobierno. Pero  aun cuando tales pasos sean dignos de apoyo y de aplauso, no han sido suficientes para que el proceso de cambio cultural fluya con sustantividad ni con la contundencia que  amerita  la revolución salvadoreña. Se muestran demasiado timoratos o poco entendidos en la materia.

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¿Qué debemos cambiar en materia de simbología o semiótica de la cultura?

El problema es de raíz histórico-cultural, de validez ética, de autenticidad comunicacional. La mayoría de los llamados Símbolos Patrios ni dicen verdad ni tienen su raíz histórica en nuestra ancestralidad (nahua-pipil-maya-nonualca-lenca) sino en la cultura hispano-europea. Se trata, entonces, de un reto mayúsculo para quien quiera que se ponga a dirigir las políticas culturales ya no con la misma retórica del siglo XX sino con una simbología nueva, revolucionaria, que nos allane la conciencia hacia  una real soberanía en lo cultural, en lo político y en lo económico. Así de enorme el reto. Así de enorme el salto: deseuropeizarnos y reindigenizarnos para descolonizarnos, siguiendo con creatividad y actualidad la pauta que nos trazara Salarrué en su respuesta a los patriotas.

Los símbolos patrios de los siglos XIX y XX ya caducaron: son ceremonia vacía, retórica hueca, civismo de pacotilla escuelera o electorera. Hay que reinventar los signos de la salvadoreñidad, de la mesoamericanidad, de Kuna-Yala y Abbia-Yala, de la herencia tolteca-maya-lenca, la de la Tierra de Preseas, la Cuscatlán o Cushcátan…

Tenemos de qué raíces y tesoros culturales asirnos. Nuestra riqueza ancestral sigue vigente, resistiendo los embates de la transculturación, repuntando en las arqueologías de nuestros saberes populares. Pero necesitamos audacia, cala profunda en las raíces del ancestro para desenterrar el espejo de la identidad actualmente aún difuminada, desdibujada por el dios mercado de las transnacionales y de las oligarquías locales ya en vías de extinción pero tan furiosas como un chacal herido, pues a tigres nunca llegaron.

Para arribar a donde estamos,  a esta transición  Arena / Frente, que unas veces parece luciente (como Quetzalcóatl) y otras  parece sombría (como Tezcatlipoca), tuvimos que atravesar  12 años de pre-guerra (1967-1978), 12 años de guerra (1979-1991) y  17 años de pos-guerra (1992-2009). Y entonces, ¿qué seguimos esperando para hacer nuestra revolución cultural, la de El Salvador-Cuscatlán de aquí-ahora?

Los historiantes foto de Miguel Servellon. Tomada de su facebook por Resistencia Musical

Los historiantes foto de Miguel Servellon. Tomada de su facebook por Resistencia Musical

Después de tantos años de lucha armada, por la necedad de la oligarquía salvadoreña, la más terca  y salvaje de América, seguimos sin resolver nuestra vida: el desorden, la injusticia, el hambre,  el desempleo, la migración, el acaparamiento, el dios-mercado, los manipuladores mediáticos, los militaristas-policíacos, los pastores simoníaco-sionistas, los leguleyos, siguen mandando, mangoneando, abusando…

Después de la guerra político-militar de los años ochenta, hubiésemos podido pactar una nueva economía y una nueva cultura por la vía de la verdad histórica; pero la oligarquía  rechazó el  informe de la verdad, impuso una amnistía falsa y rehuyó cualquier pacto de cambio real, por lo cual se nos vino una nueva guerra social (más desempleo, más migración, más desigualdad, más delincuencia) y ahora una terrible guerra ideológica-cultural-mediática-jurídica-constitucionalista…

Los factores internos (salvadoreños) son potenciados por la transculturación y los pactos económicos que  impone el Imperio (el Primer Mundo anglo-sajón-judío occidental y sus satélites)

Semejante caravana del mal-vivir, en que todos estamos metidos y comprometidos, seguirá depredándonos y asfixiándonos mientras no transformemos nuestra cultura radicalmente, empezando por los símbolos patrios y demás signos auténticos-autóctonos  de El Salvador-Cuscatlán…

Esta es la hora de nuestra Revolución Cultural: de nuestra raíz, de nuestras artes, de nuestra poesía.

Compañero artista, intelectual, trabajador de la cultura: te convocamos al debate:
SIMBOLOGÍA DE LA REVOLUCION DE EL SALVADOR-CUSCATLAN.

Quetzalcoatitlan-San Salvador

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3 respuestas a LA SIMBOLOGIA DE LA REVOLUCION EN EL SALVADOR – CUSCATLAN

  1. Válido planteamiento: histórico, profundamente filosófico, audazmente crítico y qué dicen los políticos?. Serán permeables?? Hay que apresurarse.

  2. Oscar soles dijo:

    Totalmente de acuerdo, primero construir la nueva iconografía y luego lanzarla como propuesta a todo vapor, construir consensos, alianzas, etc….

  3. Y cabe destacar que las propuestas deben ser claras y apostar sin miedo, muy a pesar del anticipado poco apoyo que pudiera gestarse desde el Ejecutivo. Si hay mentes capaces de seguir creyendo y creando, todo es posible.

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