Allan Barrera – Poeta – El Salvador

allan  barreraAllan Barrera. 1985 Licenciado en letras de la Universidad de El Salvador Universidad de El Salvador. Egresado de la primera generación de la Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana, siempre en la UES.

En 2014 fue ganador del premio único de poesía de los Juegos Florales de Sonsonate con el poemario Los paraísos de la desolación, aun inédito.
Actualmente se dedica a la investigación y gestión cultural mientras que continúa cultivando la poesía, trabajando en un nuevo poemario.


En 2013 fue coordinador editorial de la antología de poesía que la Secretaría de Cultura del FMLN en homenaje al colectivo literario Piedra y siglo y también coordino el registro de los Diálogos Culturales de Invierno 2012, en el cual participó el sociólogo chileno Hugo Zemelman.

En 2012 trabajó en la asistencia de investigación de fuentes bibliográficas para la elaboración del primer proyecto de Ley de Cultura que elaboró la Secretaría de Cultura del FMLN, el cual fue ingresado a la Comisión de Cultura y Educación de la Asamblea Legislativa en noviembre de ese mismo año y que actualmente se discute su pronta aprobación.

DIALOGANDO CON LA FOTOGRAFÍA DE RIMBAUD

Tu fotografía de niño se hizo carne entre nosotros.
No vuelvas te lo pido del África adulto
sin una ráfaga de pólvora quemada entre los dientes
sin ningún trozo de penumbra en la mirada inmaculada de tu rostro.
Te queremos: joven, hermoso, disoluto y vagabundo,
lleno de flores y de antorchas en el corazón helado
fuera de los contornos del cristianismo
y la racionalización de los espejos de este siglo
y de todos los silencios venideros.
Te queremos embriagado en ajenjo y hachís
para que vengas a nosotros
y a nuestra biografía de podredumbre
con un cartel en el pecho de “muera Dios” en las calles
de Charleville, San Salvador o Antigua Guatemala.
Quédate por favor entre nosotros reunido
¡terrible gran alma querida! quédate en la noche
como la aurora negra que se derrama en el fuego
o en el vértigo más alto del corazón,
o como la poesía que brota de las veredas del apocalipsis
más allá de la muerte y del crujir de nuestros cráneos sinceros.

EL VÉRTIGO DE LOS FUNDAMENTOS

(Fly on your way, like an eagle,
Fly as high as the sun,
On your way, like an eagle,
Fly and touch the sun.)
Iron Maiden

Hubiese sido fantástico ver a Ícaro
sollozar y desplomarse contra  la tierra
Estar ahí en el centro de la soledad y del polvo
para recoger de entre las sombras,
las sobras más altas de su esperanza
y guardarlas en mi sangre y aferrarlas
a la líquida angustia de mis huesos
como quien guarda en un ataúd tallado
las heridas del sol y los resentimientos más altos.
hubiese sido fantástico desatar los miedos que llevo dentro
sacarlos afuera de mi pecho como perros hambrientos
que se despiertan en la madrugada
Hubiese sido fantástico ser el discípulo secreto de Altazor
conquistar el más sublime vértigo
y detonar los fundamentos y blindar el corazón
de aquellas caídas tan desoladoras y vertiginosas
en los paraísos más altos de la desolación.

SER PARA LA MUERTE 

 
“La muerte es la posibilidad de la absoluta imposibilidad del ser ahí”
Martín Heidegger.

“ the end
Of everything that stands the end
No safety or surprise, the end
I`ll never look into your eyes, again”
Jim Morrison

Sí,
te recuerdo que moriré algún día
y será mi muerte
y nadie podrá quitármela
nadie vendrá a dolerse en el lugar en el que estoy
nadie vendrá a morir por mí
mi muerte será irrepetible, irrebasable.
Ella ha crecido conmigo
como una negra luz que me habita
desde todas las cosas.
Mi muerte me acompaña en la caída
en la tempestad del silencio,
iluminada por el relámpago de la nada.
Ningún hospital podrá detener su estructura,
ninguna iglesia encerrará su camino
mi muerte me pertenece
como me pertenece el miedo
y me pertenece el frio.

AUTORETATO DEL CENTRO DE SAN SALVADOR

Aquí voy, en esta ciudad sin frío anterior a la muerte, caminando con la sombra llena de estiércol, en esta ciudad donde nuestros corazones se desgarran y rechinan por las calles y las avenidas llenas de sangre. Aquí voy con los bolsillos rotos, en medio de esta soledad espiritual, difícil de calcular con una máquina de calcular el sufrimiento de los pájaros agoreros en el cielo de los países olvidados.

Aquí voy, en dirección contraria de los ángeles caídos en las azoteas de las iglesias, cruzando parques y mirando fríamente a los ojos de esta multitud de almas contraminadas por el sufrimiento de los relojes y la crueldad de las fábricas y las oficinas. Yo soy de aquí, conozco los movimientos telúricos de este cielo tan pesado. Mis hermanos me enseñaron a orinar en esta hoguera lúgubre, cuando yo era una brisa menor junto a la noche en el viento de la catástrofe. Todos mis fantasmas natales también pertenecen a estas calles. Acabo de ver a mi madre cuando tenía 14 años, sentada en la plaza cívica junto a su hermana menor envejecida, y me he puesto a llorar irremediablemente por ella en una ventana de la Biblioteca Nacional, adonde apoyé mis codos en el universo de una noche eléctrica para contemplar el río Acelhuate que se desbordaba, majestuoso de su cauce, como un tren desorientado en el horizonte, como un Dios desnudo y frío en el momento en que Narciso se ahogaba en sus propias lágrimas. Y me pregunto ¿cuántas cosas, lugares y rostros que este río se ha llevado desde aquel 23 de noviembre celebrado en el alma? el Hula hula, la fotografía que me heredaron mis padres, el lápiz que olvidé en mi garganta, niños con formación de tormenta en el pecho, la Tutunichapa, El Oso, la esquizofrenia de mi hermano, la Málaga, las muchachas con olor a charco en el corazón, el indigente que resultó ser Ulises, el reino de tu mirada-el brillo de tus ojos, aquellos recuerdos de amigos muertos bajo el agua, los taxistas, la anciana que vendía crack en la madrugada, el intestino grueso, la religión católica, el ropero de mi abuela, los clavos de Cristo, la orina de Manyula, el Belloso, las cicatrices del Zurita, el cine México, los mariachis, los portales de la Dalia, las llagas de tus labios, la paranoia, las piscuchas, los crepúsculos fracturados, San Jacinto, el trovador, los arcoíris negros, el café caliente, la parada del Apolo, el reloj que me arrancaron del brazo, el privilegio de no ser nadie, los mataniños en el desayuno, la piedra que nunca fume en la Praviana, el parque Libertad, las prostitutas, la bicicleta que me robaron del alma, la primavera llena de zozobra, las calles humedecidas, los cagaderos en los parqueos, las novias que nunca quisieron, las novias que nunca quise. Tantos signos, tantos rostros, tantas noches que fluyen y fluyen y se van escondiendo en el desagüe de los sueños de mi memoria, como el frío de la ausencia que los muertos van dejando en los autoretratos colectivos y familiares, o como este vomito metafísico y cansado que brota desde lo más hondo. Las cosas vuelven, las cosas se van, el tiempo fluye como un paisaje roto, el caos circula por tu corazón, el río arrastra consigo recuerdos nocturnos que arden en mi espíritu, la vida es un fuego lleno de incertidumbres que gira y arde y gira adentro de nosotros. Los indigentes emergen vomitados de la historia y en la noche mueren, se mueren, pero sus voces se entierran en las nuestras; escalan el silencio y el sonido de la noche, y siguen ahí, habitando por nosotros el remolino de la sangre en el asfalto, habitando el tísico augurio en el alcohol de nuestros días.

DIÁLOGOS DE CENIZA

Madre
perdóname
otra vez quise
hablar de lo tuyo
y terminé hablando
terriblemente de lo mío,
es decir de la tormenta y del rayo,
es decir del fraude y de la palabra.
Yo no puedo, ¡madre!
romper este muro
transparente del silencio,
este hilo de tierra para siempre.
Necesito curarme, necesito
colocar a mis fantasmas en la noche
afuera de mí,
y sentarme en el universo
como la antítesis del tiempo
de la estrella que pasa,
sin residencia fija.
Tú no sabes
cuánto me duele haber crecido tanto
y verte ahora
metida en la tierra
en el tiempo desintegrado del reposo
metida en la muerte
en tu ataúd telúrico
con tus zapatos
y el corazón para el viaje.
Madre
desde que te fuiste
yo no puedo
oír el crecimiento de la hierba en el patio
me hace falta el frío
me hace falta el fuego
y el cariño que te llevaste
contigo
en el equipaje.

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