Arturo Cordero Poeta El Salvador

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HOY NO  

 

Algún día

amaneceré frio

entre las sábanas

y ya no recordaré

tu insidioso amor.

 

Algún día

la rosa marchita

inolora  e incolora

será parte del paisaje

que custodiará mi lecho.

 

Algún día

recitarás mis versos,

recordarás mis besos,

extrañarás mis ojos.

 

Algún día

maldecirás mi sombra,

romperás mi alma,

escupirás mi nombre.

 

Arturo Cordero

Madrugada.

 

Los felinos

rompen la noche

en mil pedazos.

 

Los callejones

se vuelven

largas travesías apasionadas

mientras La Habana dormita.

 

Un par de ellos

juguetean sobre el malecón

mientras las estrellas

se peinan sobre las aguas;

aguas que salpican el muro.

 

Encuentran un lindo refugio,

ella lame a su macho sobre la nuca

mientras sus azules ojos

recorren su peludo cuerpo;

él le maúlla dulcemente al oído,

le ronronea y maúlla,

le maúlla y ronronea ;

un fuerte zarpazo deshace el aire

y se inicia una danza erótica

que penetra y eclipsa el ambiente.

 

Después de esa noche

los callejones preguntan por él,

su ronroneo y maullido

no se han escuchado una vez más,

ella espera impaciente

a su macho felino

que dejó una lágrima

sobre el pelaje de ella.

Arturo Cordero.

 

    Exactitud.

 

Eres la medida

de mis pasos y mis sueños

eres un pedazo de mi cielo

suspendido de un hilo

entonando cánticos sagrados

ahuyentando espectros

que acechan mis pupilas

mientras no cantan los gallos.

 

Apartas laberintos de mi mente

en la luna sin sus noches;

copulando mariposas blancas

repeles los embrujos;

ven te estoy esperando

desde los días aquellos

que nos envolvió la noche.

 

 

Arturo Cordero

 

 

 

 

Estoy bien

 

Amo el silencio,

la soledad distraída,

los grillos en los tímpanos,

el beso pausado

y apasionado.

 

Así como amo

las tonadas de Mozart

que te aíslan

del ruido de la mala mirada,

del oprobio de la boca del prójimo

y te elevan

sobre la tormenta

y las picadas de serpiente.

 

Déjame con mi sagrada

y subversiva soledad,

acá estoy seguro;

en mi mundo de fantasmas,

acá estoy esperando

a esa fría señora

para mirarla

directamente a los ojos

e invitarla al otro lado

a hacer el amor.                                       Arturo Cordero.

 

 

Danza Sagrada

 

Buscaré a Morfeo

con el recuerdo de esta tarde,

mientras llovía sudores,

que recorrían tu ardiente cuerpo;

cuerpo atrapado al mío

en una danza de espasmos placenteros.

 

Tu cabello alborotado,

enredado entre mi mano,

conduciéndote a otros mundos;

cual carruaje celestial de Zeus.

 

Entonamos cánticos orgásmicos

dirigidos por Eros y Afrodita;

armamos nuestra Sinfonía Divina

en cada espacio de tu cuerpo y el mío

y seguía lloviendo sudores.

 

El momento de partir llegó;

mi corazón aún latía frenético

como caballo en batalla griega;

mientras tanto nuestros ojos se encontraron

y nos besamos tiernamente.                                                            Arturo Cordero.

 

   MUSA

 

Me descosí el alma

soñando primaveras;

abotonando la nostalgia

a mi existencia gris

mientras te observaba

recogiendo mis orquídeas

más preciosas.

 

Suenan cantos de cigarras

en el denso bosque de papeles;

luego los pájaros

anuncian su triunfal llegada

entonando melodías sublimes

que desprenden pedazos de cielo

para guardarlos en mi gaveta

mientras busco la madeja

de tus sueños y construirte

una corona

que convine

con tu tierna mirada

de Diosa engalanada

que despoja mi armadura

para apoderarse

de mi frágil pecho;

cual Aquiles traspasado

de mortal saeta

en su zona vulnerable.

 

Vienes y te quedas,

te apoderas de mi cetro

lo enarbolas a los siete cielos,

festejamos con vino tinto

y lanzamos lirios y azahares

que perfumen

nuestro lecho de amor.

 

Arturo Cordero.

 

TENUE VELA.

 

Caminemos despacio,

despacio …

como queriendo

engañar al tiempo;

como queriendo

detener la lluvia;

acompañados de mi verso,

de tu verso y mirada

en la calle sin fin

esperando la noche.

 

Deshojemos la noche

para hacer un lecho de encanto,

donde el silencio sea electrizado

por la pasión y el deseo;

donde se encuentren

tu cuerpo y el mío.

 

Bajo la tenue luz

de una mágica vela

vi florecer la mujer en ti

acariciando pájaros y estrellas

tomada de mis manos

invitándome a tu cosmos

para beber de tu alma,

de tu cuerpo encendido

el fuego sagrado

que nos convierte

en Dioses momentáneos.

 

Caminemos despacio,

despacio…

como queriendo

engañar al tiempo.

 

Arturo Cordero.

 

    IRREVERENCIA

 

Hemos retado

a los infiernos

y los demonios

han respondido

con vehemencia.

 

Subid por mí

criaturas del averno,

despertadme de esta locura,

atormentad esta felicidad;

que me hace gritar,

que me hace reír,

que me hace soñar.

 

O es que realmente

loco estoy

o es que  vilmente

feliz soy

y mi risa

os espanta

y mi sueño

os atormenta.

 

Que sigan

floreciendo versos;

que los pájaros

vuelen en libertad;

ven amada mía

dame tu ser

toma mi alma.

 

Subid por mi

criaturas del averno.

 

Arturo Cordero.

 

Lucidez

 

Le hemos

robado la madrugada

al sueño moribundo;

despedazando

recuerdos mutilados

de ilusiones trasnochadas,

de esperanzas malditas

que rebotan cotidianamente

en nuestras mentes.

 

Partimos diariamente

a otros mundos,

donde nos esperan

nuevos sueños

que atormentan

nuestra incrédula

esencia  infame.

 

Como locos

corremos de uno

a otro lado,

descontando los segundos

de una incómoda existencia

que agoniza

como el spray

que me permite respirar.

 

No comprendo

si viví un día

o morí veinticuatro horas

de lo que queda

de este aprendiz

de loco cadáver.

 

Empieza otro día

y al reloj

casi

se le acaba

la cuerda.

 

Arturo Cordero.

 

Vuelo vespertino.

 

Llevo

mi alma

de bohemio gorrión,

atornillada

a la nostalgia púrpura

de una intensa

tarde de suicidios

que alborotan

palomas ciegas,

agonizantes

por falta de luz.

 

Te veo

en el fondo del poema

navegando en éter rosa

con tus alas de pájaro eterno

mirando a través

de mi pupila

que derrama una lágrima

escuchando aquella melodía.

 

La tarde

fenece almidonada

ante el sopor de tus besos

que junto al cannabis

nos transportan

a lejanas latitudes

donde las mariposas

cuentan largas historias

de alquimistas trasnochados

buscadores del secreto

que tú y yo sabemos.

 

Arturo Cordero.

 

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