Julio Reyes: la conjugación de la filosofía, la expresión y el dramatismo.

Tomado del muro de facebook y escrito por: JuanCarlos Rivas López

JULIO REYESUna de las experiencias más gratificantes de la pintura abstracta dentro del proceso de creación, que por supuesto implica un proceso serio de investigación a través de la experimentación y dominio de las técnicas; es la transformación del concepto artístico como resultado de la depuración gradual que de lo sustantivo se convierte en una manifestación abstracta, esa experiencia definitivamente solo la da la libertad. Esa independencia que impulsa al pintor como intelectual, a ver más allá de lo preestablecido y a cruzar más allá de lo establecido para finalmente encontrar la esencia de las cosas que es como decir, la esencia de la vida.


Sin embargo, otra de las experiencias gratificantes que el arte nos comparte es poder incursionar aunque sea por breves momentos, en el sentir y el pensar del creador que ha manipulado dicha libertad para -por medio de la creación de una pieza artística-, hacernos llegar un mensaje con un alto contenido filosófico y humanista. Así tuve la oportunidad de conocer a un artista de primer nivel; a un intelectual comprometido con los tiempos y que hizo de la abstracción y el expresionismo su manera de denunciar las injusticias contra el hombre. Me refiero a Julio Reyes, un artista único dentro de la historia del arte en El Salvador quien desde niño comenzó a hurgar las sensaciones abstractas luego de la observación de las composiciones geométricas (las geometrías puras), en los enladrillados árabes de la casa de sus abuelos. Ese fue el primer acercamiento a las texturas visuales que le marcarían para siempre y lo llevarían a buscar los detalles de las cosas y ver en los fragmentos de las mismas, las manifestaciones abstractas para después dar el salto hacia el expresionismo. Es en esta etapa cuando recurre a la figura para depurarla y llevarla a su máximo nivel de abstracción y es ahí precisamente donde incursiona en el expresionismo figurativo que intencionalmente se convierte en un impresionismo abstracto.

La investigación lo llevó a Europa y por tres años se dedicó a observar y absorber los métodos utilizados en los talleres de artesanos, artistas, obreros así como los detalles arquitectónicos de las catedrales, museos, esculturas, etc. que le dieron una mayor seguridad como artista y comunicador. Para esa época el conflicto social que caracterizó a la década de los 70´s comienza a gestarse en El Salvador y regresa para dedicarse a la causa política realizando trabajos de logística con los pintores del mundo. La guerra se define como un período improductivo para el desarrollo de las artes por tal razón durante los últimos años, se marcha a Nicaragua para trabajar con el maestro Camilo Minero que estaba exiliado y se dedicaba a la producción gráfica propagandística (grabado, serigrafía). En ese período Minero lo presiona para pintar pero Julio decide seguir absorbiendo del mundo y es así como se interesa por el cine, el diseño, la arquitectura y la escultura que se convierte en otro de sus campos de expresión.

La práctica del grafismo lo lleva de regreso a la pintura y la pintura lo convierte en un artista expresionista comprometido. Es así que gracias a una artista inglesa, su amiga Fiona, consigue un financiamiento para pintar en Londres donde obtiene todo el respaldo de la galería de arte Central Space, que le ofrece un estudio repleto de materiales y herramientas y comienza una interesante serie que muestra las injusticias sociales en su país. El resultado es una obra extremadamente dramática a tal punto que un ciudadano inglés, un burgués capitalista, lo amenaza con demandarlo en la noche de la inauguración por el brutalismo expresado. La obra se vende en el transcurso de la semana y obtiene una invitación para una segunda exhibición en Holanda ya que se trataba de una manifestación claramente política pero que conservaba su naturaleza artística. Londres se convierte en su experiencia más importante.
El espacio ganado en Europa lo lleva a Nueva York que seguía siendo la capital del arte, donde conecta con el pintor George Moore quien se convierte en su amigo y con quien inicia un proyecto de intercambio cultural y le permite mezclarse con los pintores neoyorkinos. En ese período conoce a Robert Rauschemberg y se empapa del expresionismo abstracto de la sagrada escuela de Nueva York que termina de “intelectualizarlo”. De esta experiencia logra abrir el espacio para otros artistas salvadoreños identificados con la causa política.

Pero la necesidad de expresarse lo lleva a la creación escultórica, trabaja el metal soldado y posteriormente el mármol de Carrara (piezas que son presentadas posteriormente en dos exposiciones tituladas CONSTRUCCIONES). El encuentro con el mármol lo obliga a volver a la figura la cual deforma hasta incursionar nuevamente en el campo de la abstracción, y así se mantiene un tiempo, retornando a la figura como punto de partida para una vez más volver a desintegrarla. De esa época surge una cantidad importante de esculturas abstractas que juegan con el expresionismo figurativo el cual sutilmente retoma de los viejos planteamientos geométricos. Pero el girar de la vida lo hace regresar a su país donde habrá de continuar con el desarrollo del expresionismo figurativo pintado. Luego experimenta con los pigmentos naturales y “las tierras”, en un ánimo de recrear sus experiencias de juventud en cuanto a la investigación. Manipula materiales no convencionales, materiales provenientes de las erupciones volcánicas; tierras rojas, sepias, ocres, verdes, óxidos y naranjas las cuales fusiona con esmaltes acrílicos para crear esa textura materica y pictórica que conjuga lo bidimensional con lo tridimensional. Como recientemente se observó en el homenaje nacional que la Secretaría de Cultura presentó en el Museo Nacional de Antropología bajo el título; “Expresionismo figurativo, abstracción pictórica y minimalismo escultórico” donde presentó un total de 26 obras: 12 esculturas y 14 pinturas entre ellos algunos grabados testimoniales.

Si algo hay en la obra de Julio Reyes Yazbek es el dramatismo en todas sus expresiones, desde lo conceptual, lo político, lo humanista hasta lo puramente estético en el caso de las abstracciones e incluso, una etapa esotérica como resultado de su encuentro con María Sabina que lo llevó a experimentar otros campos de la percepción haciendo del artista un hombre con iluminación la cual es trasladada indirectamente a su arte. Una de las experiencias más gratificantes del oficio es poder percibir la magia de la naturaleza y el espíritu sobre todo cuando espíritu y naturaleza son una sola en las manos de un maestro pintor; un artista del primer mundo a quien el tiempo y las circunstancias nuevamente lo hicieron volver para definitivamente afincarse en la cúspide de Cuzcatlán.

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